Japón ► Tokio vivió este martes una jornada histórica: el Parlamento eligió a Sanae Takaichi como primera ministra, convirtiéndola en la primera mujer en encabezar el gobierno japonés. Con 64 años y una larga trayectoria en el Partido Liberal Democrático (PLD), Takaichi alcanzó finalmente una meta que había perseguido durante más de una década, tras dos intentos fallidos en elecciones internas. Su victoria se selló con 237 votos en la Cámara Baja, suficientes para evitar una segunda ronda y consolidar su liderazgo.
Conservadora de línea dura, cercana al legado del ex primer ministro Shinzo Abe y admiradora declarada de Margaret Thatcher, Takaichi llega al poder en un momento de fragilidad política. El PLD, debilitado por escándalos recientes y la pérdida de confianza ciudadana, necesitó forjar una alianza con el Partido de la Innovación (Ishin) para garantizar la continuidad en el poder. La nueva mandataria reconoció desde su primera conferencia de prensa que el camino será “difícil” y pidió estabilidad política para encauzar la economía, golpeada por el aumento de precios y el estancamiento del crecimiento.
Nacida en la prefectura de Nara en 1961, Takaichi no proviene de una familia política tradicional. Su padre fue oficinista y su madre policía, y en su juventud se destacó como baterista en una banda de heavy metal, una faceta que contrasta con su imagen actual de política férrea y disciplinada. Su carrera pública comenzó como presentadora de televisión antes de dar el salto a la política, donde ocupó varias carteras ministeriales, entre ellas la de Comunicaciones e Interior.
El reto que enfrenta ahora es mayúsculo: Japón lidia con una de las tasas de natalidad más bajas del mundo, un alto nivel de deuda pública y crecientes tensiones geopolíticas en Asia. Además, deberá reconstruir la confianza en un partido que ha dominado la política japonesa durante décadas, pero que hoy se encuentra bajo presión tanto de la oposición como de una ciudadanía cada vez más crítica.
En su discurso inaugural, Takaichi prometió fortalecer la alianza con Estados Unidos y “llevarla a nuevas alturas”, al tiempo que subrayó la necesidad de políticas que estabilicen la economía y mitiguen el impacto de la inflación. Su llegada al poder no solo marca un giro en la historia política japonesa, sino que también abre un debate sobre el papel de las mujeres en una sociedad que, pese a su modernidad, sigue rezagada en materia de igualdad de género. ■



