Estados Unidos ► Washington lanzó una advertencia que ha encendido las alarmas en América Latina. El Departamento de Guerra de Estados Unidos, a través de la Estrategia de Defensa Nacional 2026, señaló que si los gobiernos de la región, incluido México, no logran debilitar a las organizaciones criminales consideradas “narcoterroristas”, el propio ejército estadounidense intervendrá “de forma decisiva” en sus territorios.
La advertencia se produce en un contexto de creciente tensión. En los últimos meses, Washington ha intensificado operaciones como la denominada “Víbora del Pacífico”, desplegada por la Guardia Costera para interceptar embarcaciones vinculadas al narcotráfico y organizaciones criminales transnacionales. El gobierno estadounidense ha convocado a sus aliados regionales a sumarse a esta ofensiva, insistiendo en que la cooperación internacional es indispensable para garantizar la seguridad hemisférica.
La estrategia anunciada no se limita a la retórica. En octubre pasado, Estados Unidos movilizó un portaaviones, destructores y fuerzas especiales hacia aguas internacionales del Caribe, con el argumento de frenar el tráfico de drogas y neutralizar a grupos armados vinculados al crimen organizado. Autoridades estadounidenses han comparado a los narcoterroristas latinoamericanos con organizaciones como Al Qaeda, lo que implica un tratamiento militar directo y sin concesiones.
En México, la advertencia ha generado debate sobre la soberanía nacional y la capacidad del Estado para enfrentar a los cárteles. Analistas señalan que la presión de Washington busca acelerar reformas en materia de seguridad y cooperación binacional, pero también abre la puerta a un escenario de intervención que podría tensar las relaciones diplomáticas. Mientras tanto, en países como Venezuela, la narrativa oficial acusa a Estados Unidos de “inventar una guerra” para justificar su presencia militar en la región.
La amenaza de actuar unilateralmente contra organizaciones criminales en territorio extranjero refleja la creciente preocupación de Washington por el impacto del narcotráfico en su seguridad interna y en la estabilidad regional. Sin embargo, también plantea interrogantes sobre el respeto a la soberanía de los países latinoamericanos y el riesgo de que la lucha contra el narcoterrorismo derive en un conflicto abierto. ■



