Suiza ► El regreso del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, al Foro Económico Mundial en Davos estuvo marcado por un discurso que volvió a colocar a Groenlandia en el centro de la agenda internacional. Ante líderes políticos y financieros, el mandatario reafirmó su interés en adquirir el territorio autónomo de Dinamarca, con un tono que combinó provocación y diplomacia informal. “Solo quiero un trozo de hielo. No quiero usar la fuerza”, declaró, intentando suavizar la controversia generada por sus reclamos territoriales.
Las palabras de Trump, lejos de calmar los ánimos, reavivaron el malestar en Copenhague y Bruselas. Para la diplomacia europea, la insistencia estadounidense representa un desafío directo a la soberanía de un aliado de la OTAN y a la estabilidad de las fronteras en el Ártico. Medios como El País y RFI reportaron que la propuesta fue recibida con rechazo casi unánime por los mandatarios presentes en Davos, quienes calificaron la idea como “anacrónica” y fuera de lugar en el orden internacional moderno.
Más allá de la retórica del “trozo de hielo”, el interés de Washington por Groenlandia responde a factores estratégicos: la isla posee vastas reservas de tierras raras y minerales críticos, además de una ubicación clave para el control de rutas marítimas emergentes debido al deshielo. Trump defendió su postura argumentando que Dinamarca enfrenta altos costos de mantenimiento del territorio y sugirió que una transferencia bajo la bandera estadounidense beneficiaría a todas las partes.
La intervención de Trump ocurrió apenas horas después de su llegada a Suiza en un avión de reemplazo, tras la falla eléctrica que sufrió el Air Force One original. Pese al contratiempo logístico, el presidente mostró un tono combativo y dejó claro que su agenda de “Estados Unidos primero” incluye la expansión de la influencia —e incluso del territorio nacional— aunque ello incremente la fricción con sus socios históricos de la OTAN. ■



