Estados Unidos ► El presidente de Estados Unidos, de 79 años, respondió de manera espontánea a una llamada del diario después de que este compartiera con la Casa Blanca detalles sobre su seguimiento médico, lo que aparentemente lo incomodó. “Mi salud está perfecta”, afirmó con énfasis, insistiendo en que su vitalidad proviene de su herencia genética. La conversación derivó en la revelación de que consume diariamente 325 miligramos de aspirina, una dosis superior a la recomendada como estándar, que suele ser de 81 miligramos.
Trump explicó que mantiene este hábito desde hace más de dos décadas porque considera que la aspirina ayuda a “diluir la sangre” y evitar complicaciones cardíacas. “Quiero sangre buena, diluida, pasando por mi corazón”, dijo, reconociendo que su decisión tiene un componente supersticioso. El mandatario también admitió que la dosis elevada le provoca hematomas visibles en las manos, razón por la cual recurre al maquillaje para disimularlos en actos públicos.
Durante la entrevista, el presidente habló de otros aspectos de su rutina personal. Reconoció que no es un “dormilón” y que suele enviar mensajes o llamar a sus asesores en la madrugada, justificando que cerrar los ojos en reuniones le resulta “relajante”. También reiteró su rechazo a las rutinas de ejercicio convencionales, asegurando que el golf es suficiente para mantenerse activo y que correr en una cinta le parece “aburrido”.
El médico Sean Barbarella, responsable de su seguimiento, señaló que Trump padece una insuficiencia venosa superficial crónica que provoca inflamación en la parte baja de sus piernas, condición que trató temporalmente con calcetines de compresión. A pesar de ello, el especialista sostuvo que el presidente “tiene una salud excepcional y está perfectamente equipado para ejecutar sus deberes”, destacando que, pese a ser el mandatario de mayor edad en asumir el cargo, mantiene un estado físico que le permite continuar con sus responsabilidades. ■



