El Partido Verde en Tabasco acaba de mostrar su verdadero rostro. Con bombo y platillo, Fernando Castellanos Cal y Mayor, delegado nacional, confirmó la adhesión de Evaristo Hernández Cruz a las filas del PVEM, calificándolo como “uno de los cuadros más competitivos” y “candidato natural” para el municipio de Centro en 2027.
El mismo Evaristo que ya probó dos veces su ineficacia: primero como alcalde priista (2007–2009) y luego como morenista (2018–2021), dejando tras de sí más desencanto que resultados. El mismo que, pese a ser cobijado por el gobernador Javier May, decidió renunciar al Colegio de Bachilleres de Tabasco en una maniobra que reveló su incapacidad de subordinarse a intereses colectivos.
La historia se repite: Evaristo es un ave de paso. Su mudanza al Verde no es un acto de convicción, sino de oportunismo. Y el Verde, lejos de ser aliado confiable, se convierte en un chantajista que sueña con la alcaldía en 2027 y la gubernatura en 2030.
No es la primera vez que el PVEM juega contra la Cuarta Transformación. En 2024, Humberto de los Santos Bertruy, candidato verde a la alcaldía de Centro, acusó sin pruebas a la alcaldesa Yolanda Osuna de comprar votos hasta en 10 mil pesos. Mintió de manera burda y ofensiva, sin mostrar el más mínimo respeto. Osuna calificó esas acusaciones de absurdas y las interpretó como el preludio de la derrota verde. Bertruy terminó como lo que es: un truhan político incapaz de aceptar su fracaso.
El Verde en Tabasco se levantó del suelo gracias a la generosidad de la Cuarta Transformación, pero ahora pretende cosechar siembra ajena. La jugada es clara: en lo nacional se abrazan a Morena y a Claudia Sheinbaum, pero en lo local van por la libre. Ese doble discurso debe ser lo último que se les tolere. Porque mientras en la Ciudad de México se presentan como aliados, en Tabasco conspiran para arrebatar espacios.
El verdadero reto para el gobernador Javier May y para Morena será sacudirse ese lastre. El Verde no aporta proyecto propio, solo recicla figuras desgastadas como Evaristo y Bertruy. La Cuarta Transformación no puede permitir que un aliado de ocasión se convierta en adversario interno. La lección es clara: quien traiciona una vez, traiciona siempre. ■



