Ciudad de México ► Un nuevo estudio revela que la mayoría de los usuarios de Instagram confunden hábito con adicción, y que el uso excesivo de la plataforma rara vez cumple con los criterios clínicos de una dependencia real.
La investigación, publicada en Scientific Reports y realizada con 1,204 adultos estadounidenses, concluye que aunque un 18% de los participantes se identificó como “adictos” a Instagram, solo el 2% mostró síntomas compatibles con una posible adicción, como pérdida de control, ansias de uso, abstinencia y continuidad pese a consecuencias negativas.
Los autores, Ian Anderson y Wendy Wood, advierten que la percepción de adicción está sobredimensionada por el lenguaje empleado en medios de comunicación y discursos públicos. En su análisis de 4,383 artículos publicados entre 2021 y 2024, encontraron que la frase “adicción a las redes sociales” se utilizó de manera abrumadora frente a apenas 50 menciones de “hábito de redes sociales”. Esta narrativa, sostienen, influye en que los usuarios interpreten su comportamiento como patológico cuando en realidad responde a rutinas cotidianas.
El estudio también exploró los efectos psicológicos de etiquetar el uso de Instagram como adicción. En una segunda muestra de 824 adultos, se observó que quienes fueron inducidos a pensar en su consumo como una adicción reportaron menor sensación de control y mayor culpabilidad hacia sí mismos y hacia la plataforma. Para los investigadores, este encuadre puede resultar contraproducente, pues genera estigmatización y sentimientos de fracaso en los usuarios.
El contexto del debate es relevante: el Surgeon General de Estados Unidos, Casey Means, ha advertido que el uso excesivo de redes sociales puede tener asociaciones neurológicas similares al abuso de sustancias. Sin embargo, Anderson y Wood subrayan que la evidencia clínica apunta a que la mayoría de los casos son hábitos intensivos más que adicciones genuinas. Por ello, recomiendan que responsables políticos y medios de comunicación empleen el término “adicción” con mayor precisión, para evitar diagnósticos erróneos y percepciones dañinas.
La investigación aporta un matiz importante en el debate sobre el impacto de las redes sociales: aunque el uso compulsivo puede tener consecuencias negativas como ansiedad o deterioro de la autoestima, no necesariamente constituye una adicción en sentido clínico. Reconocer esta diferencia, concluyen los autores, podría ayudar a diseñar políticas públicas más efectivas y a reducir la carga de culpa entre los usuarios. ■


